Muy buenas tardes compis, vengo a dejar por aquí lo que es para mi una de las más significativas e importantes historias de nuestro ejército, y más concretamente de la Legión, el blocao de la muerte.
Los Legionarios llamaban “El Malo” al blocao de Dar- Hamed, instalado en las faldas del Gurugú. Por su situación avanzada, por lo accidentado del terreno apto para la disimulación de los atacantes, que contaban, además con artillería para batir la fortificación reducida a unos sacos terreros con cubierta de tablas y una alambrada alrededor, por todo ello, decimos, el blocao de Dar- Hamed era presa codiciada por las harkas.
Como consecuencia de un relevo, el 14 de Septiembre de 1921, el blocao queda guarnecido por tropas del Batallón Disciplinario al mando de un Oficial. Al día siguiente es atacado duramente con fuegos de fusil y de cañón; una granada rompedora cae en medio de la posición ocasionando varios heridos, entre ellos el Oficial. Pero los defensores no se dejan intimidar; caen más heridos y la defensa se debilita.
El Teniente Agulla, que manda las Fuerzas Legionarias establecidas en el Atalayón, pide permiso para acudir con toda su Unidad en socorro de Dar- Hamed pero no se le concede, por lo que el Oficial Legionario pide voluntarios para acudir, al mando de un Cabo también voluntario, a reforzar el blocao durante la noche.
Las filas de soldados voluntarios se llenaron, aún sabiendo que iban a una muerte segura, y el Teniente designa al Cabo Suceso Terrero López para que con 14 Legionarios vaya a socorrer el blocao “El Malo”. Todos conocen su destino y las pocas o ninguna posibilidades que tienen de salir con vida. Por ello, hacen las últimas recomendaciones a sus amigos para que “hereden” sus propiedades, escriban a las familias o a las novias en caso necesario. Lorenzo Camps, que acaba de percibir la parte correspondiente de su prima de enganche, entrega al Teniente Agulla 250 pesetas, cuanto le ha quedado, y le dice estas palabras que parecen sacadas de un poema homérico:
- “Mi Teniente, como vamos a una muerte segura, ¿quiere usted entregar este dinero a la Cruz Roja?”
Ya de noche, el Cabo Suceso Terrero y sus 14 Legionarios emprenden la marcha, rompen el cerco de los enemigos que se lanzan sobre ellos y entran en el blocao; en las alambradas han caído dos heridos que se llevan al interior. Con su presencia levantaron el ánimo de los que allí estaban. El combate que se entabla es épico. El crepitar de los disparos de fusil, el estallido de las granadas de mano y el fragor de los cañonazos componen una terrible sinfonía. Hacia la media noche, el enemigo ha acercado una pieza de artillería a cincuenta metros, la dispara y se eleva de Dar- Hamed el fulgor de una gran llamarada que sube hasta el cielo. Los enemigos entran, pero tienen que luchar con los heridos, que se defienden con dientes y uñas. Los harkeños rematan a los heridos y destruyen cuanto hay allí.
Por primera vez, esto es cierto; el enemigo ha arrebatado una posición a los Legionarios, pero ha sido cuando todos han muerto.
Cuando al día siguiente llega la Columna, solo ve allí cadáveres, ruina y desolación.
Suceso Terrero, el Cabo, y sus 14 Legionarios, han cumplido exactamente el Credo Legionario en su artículo “El Espíritu de la Muerte”.
Con esto también añado esta gran canción al respecto. El Blocao de la Muerte
Los Legionarios llamaban “El Malo” al blocao de Dar- Hamed, instalado en las faldas del Gurugú. Por su situación avanzada, por lo accidentado del terreno apto para la disimulación de los atacantes, que contaban, además con artillería para batir la fortificación reducida a unos sacos terreros con cubierta de tablas y una alambrada alrededor, por todo ello, decimos, el blocao de Dar- Hamed era presa codiciada por las harkas.
Como consecuencia de un relevo, el 14 de Septiembre de 1921, el blocao queda guarnecido por tropas del Batallón Disciplinario al mando de un Oficial. Al día siguiente es atacado duramente con fuegos de fusil y de cañón; una granada rompedora cae en medio de la posición ocasionando varios heridos, entre ellos el Oficial. Pero los defensores no se dejan intimidar; caen más heridos y la defensa se debilita.
El Teniente Agulla, que manda las Fuerzas Legionarias establecidas en el Atalayón, pide permiso para acudir con toda su Unidad en socorro de Dar- Hamed pero no se le concede, por lo que el Oficial Legionario pide voluntarios para acudir, al mando de un Cabo también voluntario, a reforzar el blocao durante la noche.
Las filas de soldados voluntarios se llenaron, aún sabiendo que iban a una muerte segura, y el Teniente designa al Cabo Suceso Terrero López para que con 14 Legionarios vaya a socorrer el blocao “El Malo”. Todos conocen su destino y las pocas o ninguna posibilidades que tienen de salir con vida. Por ello, hacen las últimas recomendaciones a sus amigos para que “hereden” sus propiedades, escriban a las familias o a las novias en caso necesario. Lorenzo Camps, que acaba de percibir la parte correspondiente de su prima de enganche, entrega al Teniente Agulla 250 pesetas, cuanto le ha quedado, y le dice estas palabras que parecen sacadas de un poema homérico:
- “Mi Teniente, como vamos a una muerte segura, ¿quiere usted entregar este dinero a la Cruz Roja?”
Ya de noche, el Cabo Suceso Terrero y sus 14 Legionarios emprenden la marcha, rompen el cerco de los enemigos que se lanzan sobre ellos y entran en el blocao; en las alambradas han caído dos heridos que se llevan al interior. Con su presencia levantaron el ánimo de los que allí estaban. El combate que se entabla es épico. El crepitar de los disparos de fusil, el estallido de las granadas de mano y el fragor de los cañonazos componen una terrible sinfonía. Hacia la media noche, el enemigo ha acercado una pieza de artillería a cincuenta metros, la dispara y se eleva de Dar- Hamed el fulgor de una gran llamarada que sube hasta el cielo. Los enemigos entran, pero tienen que luchar con los heridos, que se defienden con dientes y uñas. Los harkeños rematan a los heridos y destruyen cuanto hay allí.
Por primera vez, esto es cierto; el enemigo ha arrebatado una posición a los Legionarios, pero ha sido cuando todos han muerto.
Cuando al día siguiente llega la Columna, solo ve allí cadáveres, ruina y desolación.
Suceso Terrero, el Cabo, y sus 14 Legionarios, han cumplido exactamente el Credo Legionario en su artículo “El Espíritu de la Muerte”.
Con esto también añado esta gran canción al respecto. El Blocao de la Muerte





