Una de mis pasiones, aficiones o hobbys ( ponerles el nombre que querais ) es conocer la Historia sobre todo de España.
De la España verdadera , la que cuando nuestros enemigos veian nuestra bandera se echaban a templar .
Parece dificil de creer , que las Aspas de Borgoña ondeara en un Imperio en el que nunca se ponia el Sol ; y todo esto gracia a militares que hicieron que esto fuera posible . En honor a ellos y dado que este hilo es sobre Historia y Cultura militar ; ire colgando unas biografias resumidas, rapidas y concisa de los que hicieron grande España a lo largo de nuestra historia .
Y para empezar .....
El hombre que reinventó la guerra: 5 lecciones asombrosas sobre el Gran Capitán
En el corazón de la historia militar española, la figura de Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515) se alza no como un frío monumento de bronce, sino como el primer estratega moderno. Nacido en el castillo de Montilla como el "segundón" de la Casa de Aguilar, Gonzalo estaba destinado por la heráldica a una vida de paje o cortesano a la sombra de su hermano primogénito. Sin embargo, su ingenio práctico —aquel que le llevó en el sitio de Tájara a improvisar máquinas de asedio usando las puertas de las casas para proteger a sus tropas— transformó su destino. No solo regaló un reino a sus monarcas, sino que rompió el paradigma de la caballería medieval para sentar las bases de la hegemonía española en Europa durante siglo y medio.
1. El fin de la caballería y el nacimiento de las "coronelías"
La mayor revolución de Gonzalo fue entender que el tiempo de la carga de caballería pesada como arma absoluta había expirado. Tras observar las limitaciones del choque frontal, lideró una transición hacia la infantería mercenaria organizada en unidades sólidas y maniobrables: las coronelías, germen indiscutible de los futuros Tercios.
Su innovación no fue solo estructural, sino táctica y letal. Frente a los temidos "esguízaros suizos" y sus impenetrables bosques de picas, Gonzalo introdujo un cambio disruptivo: dobló la proporción de arcabuceros y entrenó a sus infantes para un combate visceral. Armados con espadas cortas y rodelas, sus soldados tenían la orden de "deslizarse" por debajo de las largas picas enemigas para herir a los mercenarios directamente en el vientre, donde la armadura era inexistente. Esta agresividad técnica y psicológica forjó una leyenda negra entre sus adversarios:
«No habían combatido con hombres, sino con diablos», afirmaban los franceses tras enfrentarse a los bloques de infantería de Gonzalo.
2. Diplomacia y Politica: El factor humano con Boabdil
El éxito del Gran Capitán no se explica solo por el acero, sino por su maestría en la politica. Durante la Guerra de Granada, demostró que la diplomacia es la extensión de la estrategia por otros medios. Gracias a su dominio del árabe y su formación en la frontera, estableció una relación de confianza personal con Boabdil, "el Rey Chico".
Sin embargo, tras esta aparente amistad residía un cálculo político brillante. Como alcaide de Íllora, su misión secreta era fomentar las disensiones internas entre Boabdil y su tío, el Zagal, fracturando el reino nazarí desde dentro. Esta dualidad —negociador humano y espía astuto— fue clave en las Capitulaciones de Granada. Su respeto por el adversario fue tal que, tras ganar la paz, acompañó personalmente al monarca derrocado en su exilio hacia Fez. Gonzalo comprendía que para dominar un territorio, primero hay que descifrar el alma de quien lo habita.
3. La revolución de Ceriñola: La paciencia y la pólvora
Si un momento define el nacimiento de la guerra moderna, es la batalla de Ceriñola (1503). Pero la victoria no fue fruto de la impetuosidad medieval, sino de una "defensa activa" aprendida tras meses de asedio en Barletta. Allí, Gonzalo supo esperar, resistiendo el hambre y las críticas de sus propios soldados, negándose a dar batalla hasta que el terreno y los refuerzos le favorecieron.
En Ceriñola, el Gran Capitán utilizó el terreno como una trampa tecnológica. Atrincherado y protegiendo a sus arcabuceros, masacró a la brillante caballería francesa y a los piqueros suizos del Duque de Nemours en apenas unos minutos. Fue la primera vez en la historia universal que una batalla se ganaba primordialmente mediante el uso de armas de fuego ligeras. En aquel campo sembrado con 3.000 cadáveres enemigos, la fuerza física sucumbió definitivamente ante la tecnología de proyectiles y la fortificación estratégica.
4. Las "Cuentas" y el Tratado de Blois: La caída de un coloso
La relación entre Gonzalo y Fernando el Católico es una de las más complejas del Renacimiento. Aunque la leyenda se centra en la supuesta apropiación de fondos, la realidad de su caída en desgracia fue puramente política. El detonante fue el Tratado de Blois (1505), por el cual el Rey Fernando devolvió a la Corona francesa tierras napolitanas que Gonzalo ya había repartido entre sus oficiales. Este choque de autoridades, sumado al recelo del monarca por el inmenso poder del virrey en Nápoles, selló su destino.
Cuando el Rey le exigió justificar sus gastos, Gonzalo respondió con una ironía legendaria, contrastando la mezquindad administrativa con la magnitud de su gesta:
Incluso la muerte en 1515 no trajo paz al estratega. Tras ser sepultado en el Monasterio de San Jerónimo de Granada, rodeado de setenta trofeos de guerra, su descanso fue violado en 1810 durante la invasión napoleónica. El general francés Horace Sebastiani profanó la cripta, quemó las banderas capturadas y, según se cree, se llevó consigo el cráneo del Gran Capitán.
La ironía final es desgarradora. Mientras que el Gran Capitán definió la seguridad de un imperio, su propia integridad póstuma quedó en entredicho. En el año 2006, una investigación del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) concluyó de forma contundente que los restos que hoy descansan en su tumba no pertenecen a Gonzalo Fernández de Córdoba. El hombre que cambió la historia descansa, quizás, en un paradero desconocido, lejos del mármol que lleva su nombre.
El legado de un estratega eterno
Gonzalo Fernández de Córdoba no solo reformó un ejército; creó una escuela de pensamiento que influiría en el Duque de Alba, Wellington y Napoleón. Su capacidad para combinar armas y diplomacia fue estudiada por el mismísimo Nicolás Maquiavelo, quien reflejó sus innovaciones en la obra Del arte de la guerra.
Hoy, su figura nos obliga a una reflexión necesaria: ante el poder, ¿qué valoramos más? ¿La lealtad ciega del servidor o la genialidad del innovador que, al desafiar lo establecido, termina despertando el recelo de los propios reyes a quienes elevó? La historia del Gran Capitán nos enseña que el precio de reinventar el mundo suele ser la ingratitud de los poderosos, pero su recompensa es la inmortalidad.
De la España verdadera , la que cuando nuestros enemigos veian nuestra bandera se echaban a templar .
Parece dificil de creer , que las Aspas de Borgoña ondeara en un Imperio en el que nunca se ponia el Sol ; y todo esto gracia a militares que hicieron que esto fuera posible . En honor a ellos y dado que este hilo es sobre Historia y Cultura militar ; ire colgando unas biografias resumidas, rapidas y concisa de los que hicieron grande España a lo largo de nuestra historia .
Y para empezar .....
El hombre que reinventó la guerra: 5 lecciones asombrosas sobre el Gran Capitán
En el corazón de la historia militar española, la figura de Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515) se alza no como un frío monumento de bronce, sino como el primer estratega moderno. Nacido en el castillo de Montilla como el "segundón" de la Casa de Aguilar, Gonzalo estaba destinado por la heráldica a una vida de paje o cortesano a la sombra de su hermano primogénito. Sin embargo, su ingenio práctico —aquel que le llevó en el sitio de Tájara a improvisar máquinas de asedio usando las puertas de las casas para proteger a sus tropas— transformó su destino. No solo regaló un reino a sus monarcas, sino que rompió el paradigma de la caballería medieval para sentar las bases de la hegemonía española en Europa durante siglo y medio.
1. El fin de la caballería y el nacimiento de las "coronelías"
La mayor revolución de Gonzalo fue entender que el tiempo de la carga de caballería pesada como arma absoluta había expirado. Tras observar las limitaciones del choque frontal, lideró una transición hacia la infantería mercenaria organizada en unidades sólidas y maniobrables: las coronelías, germen indiscutible de los futuros Tercios.
Su innovación no fue solo estructural, sino táctica y letal. Frente a los temidos "esguízaros suizos" y sus impenetrables bosques de picas, Gonzalo introdujo un cambio disruptivo: dobló la proporción de arcabuceros y entrenó a sus infantes para un combate visceral. Armados con espadas cortas y rodelas, sus soldados tenían la orden de "deslizarse" por debajo de las largas picas enemigas para herir a los mercenarios directamente en el vientre, donde la armadura era inexistente. Esta agresividad técnica y psicológica forjó una leyenda negra entre sus adversarios:
«No habían combatido con hombres, sino con diablos», afirmaban los franceses tras enfrentarse a los bloques de infantería de Gonzalo.
2. Diplomacia y Politica: El factor humano con Boabdil
El éxito del Gran Capitán no se explica solo por el acero, sino por su maestría en la politica. Durante la Guerra de Granada, demostró que la diplomacia es la extensión de la estrategia por otros medios. Gracias a su dominio del árabe y su formación en la frontera, estableció una relación de confianza personal con Boabdil, "el Rey Chico".
Sin embargo, tras esta aparente amistad residía un cálculo político brillante. Como alcaide de Íllora, su misión secreta era fomentar las disensiones internas entre Boabdil y su tío, el Zagal, fracturando el reino nazarí desde dentro. Esta dualidad —negociador humano y espía astuto— fue clave en las Capitulaciones de Granada. Su respeto por el adversario fue tal que, tras ganar la paz, acompañó personalmente al monarca derrocado en su exilio hacia Fez. Gonzalo comprendía que para dominar un territorio, primero hay que descifrar el alma de quien lo habita.
3. La revolución de Ceriñola: La paciencia y la pólvora
Si un momento define el nacimiento de la guerra moderna, es la batalla de Ceriñola (1503). Pero la victoria no fue fruto de la impetuosidad medieval, sino de una "defensa activa" aprendida tras meses de asedio en Barletta. Allí, Gonzalo supo esperar, resistiendo el hambre y las críticas de sus propios soldados, negándose a dar batalla hasta que el terreno y los refuerzos le favorecieron.
En Ceriñola, el Gran Capitán utilizó el terreno como una trampa tecnológica. Atrincherado y protegiendo a sus arcabuceros, masacró a la brillante caballería francesa y a los piqueros suizos del Duque de Nemours en apenas unos minutos. Fue la primera vez en la historia universal que una batalla se ganaba primordialmente mediante el uso de armas de fuego ligeras. En aquel campo sembrado con 3.000 cadáveres enemigos, la fuerza física sucumbió definitivamente ante la tecnología de proyectiles y la fortificación estratégica.
4. Las "Cuentas" y el Tratado de Blois: La caída de un coloso
La relación entre Gonzalo y Fernando el Católico es una de las más complejas del Renacimiento. Aunque la leyenda se centra en la supuesta apropiación de fondos, la realidad de su caída en desgracia fue puramente política. El detonante fue el Tratado de Blois (1505), por el cual el Rey Fernando devolvió a la Corona francesa tierras napolitanas que Gonzalo ya había repartido entre sus oficiales. Este choque de autoridades, sumado al recelo del monarca por el inmenso poder del virrey en Nápoles, selló su destino.
Cuando el Rey le exigió justificar sus gastos, Gonzalo respondió con una ironía legendaria, contrastando la mezquindad administrativa con la magnitud de su gesta:
- Cien millones de ducados en picos, palas y azadones para enterrar a los muertos del enemigo.
- Ciento cincuenta mil ducados en limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles.
- Doscientos millones de ducados en guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla.
- Ciento setenta mil ducados por reponer las campanas averiadas de tanto repicar a victoria.
- Cien millones de ducados por la paciencia de descender a estas pequeñeces ante el rey a quien "he regalado un reino".
Incluso la muerte en 1515 no trajo paz al estratega. Tras ser sepultado en el Monasterio de San Jerónimo de Granada, rodeado de setenta trofeos de guerra, su descanso fue violado en 1810 durante la invasión napoleónica. El general francés Horace Sebastiani profanó la cripta, quemó las banderas capturadas y, según se cree, se llevó consigo el cráneo del Gran Capitán.
La ironía final es desgarradora. Mientras que el Gran Capitán definió la seguridad de un imperio, su propia integridad póstuma quedó en entredicho. En el año 2006, una investigación del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) concluyó de forma contundente que los restos que hoy descansan en su tumba no pertenecen a Gonzalo Fernández de Córdoba. El hombre que cambió la historia descansa, quizás, en un paradero desconocido, lejos del mármol que lleva su nombre.
El legado de un estratega eterno
Gonzalo Fernández de Córdoba no solo reformó un ejército; creó una escuela de pensamiento que influiría en el Duque de Alba, Wellington y Napoleón. Su capacidad para combinar armas y diplomacia fue estudiada por el mismísimo Nicolás Maquiavelo, quien reflejó sus innovaciones en la obra Del arte de la guerra.
Hoy, su figura nos obliga a una reflexión necesaria: ante el poder, ¿qué valoramos más? ¿La lealtad ciega del servidor o la genialidad del innovador que, al desafiar lo establecido, termina despertando el recelo de los propios reyes a quienes elevó? La historia del Gran Capitán nos enseña que el precio de reinventar el mundo suele ser la ingratitud de los poderosos, pero su recompensa es la inmortalidad.




